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viernes, 10 de marzo de 2017

De cabeza, dolores de cabeza






Visto a tan larga distancia (han pasado tantos años...) el dolor de cabeza de aquel día ha pasado a la historia. Parece tan banal que un diario refleje un dolor de cabeza como el acontecimiento de ese día que me siento predispuesto a pasarlo sin prestarle ninguna atención. Cualquier otro acontecimiento, aunque fuera relacionado con pensamientos o modos de ver la vida, sueños o proyectos ilusorios, dejaron mayor huella que un dolor de cabeza, a pesar de que este hecho, por su consistencia física, es una realidad más tangible que ideas y fantasías.


De hecho, ¿puedo afirmar que existió ese dolor de cabeza?. O en realidad se trataba de un escudo protector o una proyección de otras dificultades o dolores morales que me atenazaban en aquel tiempo. Con el paso de los años he podido comprobar que gran parte de las dolencias físicas vienen causadas por disfunciones de otro tipo. Hay tantas situaciones que nos afectan de modo global en nuestra existencia y que nos provocan dolencias en el organismo... El stress, los hábitos malsanos, el desasosiego, las dificultades económicas, los problemas con los hijos, los problemas con los compañeros de trabajo, la falta de trabajo, la soledad, el fracaso con la pareja, la tensión de una entrevista, la falta de iniciativa, la autoestima baja, los ruidos ambientales, la falta de amor, el desamor como herida profunda, la tendencia a tener aversión a los otros, los lunes...La lista sería interminable. Y termino con la sensación de que, lejos de considerar lo del dolor de cabeza como un acontecimiento banal, habría que considerarlo como lo más relevante de nuestra existencia. Existir, en cierto modo, es un gran dolor de cabeza.

martes, 28 de febrero de 2017

Artimañas benevolentes

En el noble ejercicio de eludir las situaciones conflictivas o evitar episodios que provocan temor, valen todas las artimañas. En el día de marras tenía que enfrentarme a posibles problemas que derivaban del hecho de no haber dado ni golpe en el estudio. Ante la previsible circunstancia de enfrentarme al profesorado sin ningún escudo protector que me hiciera salir airoso ante sus envites, decidí quedarme todo el día en cama. Esgrimí en mi defensa estar sufriendo graves molestias y dolores de anginas. En realidad no era más que la huida del cobarde. Me sirvió, sin embargo, para quitarme de encima la predecible vergüenza del derrotado y tomar impulso para afrontar futuras refriegas. En el internado, quedarse en la cama enfermo, salvo el citado aspecto de eludir problemas mayores, no era ningún plato de gusto. Suponía sufrir el paso de las interminables horas, viviendo enclaustrado en una penosa soledad. El sopor del aislamiento te predisponía a una irritable sensación de amargor existencial, como si vivieras flotando en un limbo a caballo entre la vida y la falta de coexistencia. Periodos interminables de silencio absoluto, inserto en aquella mayúscula masa que cual castillo encantado representaba Calatrava, derivaban en una alucinación imprecisa en la que ensoñabas que todos tus congéneres habían sido tragados por las fauces del castillo. Este silencio opaco era interrumpido por alguna breve pausa, los cambios de clases, en las que un lejano murmullo te desperezaba, como si de repente hubiera surgido un látigo de vida en el desierto inhóspito de la atmósfera flotante que se cernía sobre tu cabeza. Posteriormente adormilado y semiinconsciente, volvías a zambullirte en el tedio perpetuo del paso de las horas. Sólo con el final de las clases, lograbas desembarazarte de esa sensación de estar sumergido en un misterioso clímax de evasión incorpórea. Comenzaban a llegar la visita de compañeros que te proporcionaban información, anécdotas y las peripecias relacionadas con el transcurrir de las clases durante la mañana. Resurgía la vida. Los pasillos, arterias del inmueble, se repoblaban de alumnos y experimentabas que esa sangre de la vida, transitaba nuevamente imparable, con la fuerza de un ciclón.

(Continuación) La aventura del viaje a Normandía.

En realidad, todo este viaje estuvo envuelto en situaciones paradójicas y alucinantes. Nada más llegar a la ciudad de Cannes, en el hotel ...