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lunes, 18 de diciembre de 2017

Tronco Seco

Fin de semana del 16 y 17 de febrero de 1974. La música lo abarca casi todo. Alguna hora dedicada al estudio (estamos en plena evaluación) y el ejercicio de “balonero” el sábado por la mañana, y todo lo demás, pruebas y ensayos del grupo Tronco Seco. Nos presentamos ante el Director de la “Semana de intérpretes universitarios”, D. Dámaso García, para que nos realizara la prueba pertinente. Y fuimos seleccionados para participar en el evento. La “Semana de intérpretes universitarios” constituía un acontecimiento musical de primer orden en el mundillo de la interpretación en Salamanca. Se daban cita las principales promesas de la canción y de la interpretación instrumental de la ciudad. La mayoría ligados al ámbito universitario. El escenario en el que se celebraba tan sonado acontecimiento era el “Aula Juan de la Encina”, excelente teatro donde tenían lugar innumerables manifestaciones artísticas, generalmente de contenido alternativo, conciertos de gran calidad y propuestas artísticas de rigorismo ilustrado. Solían asistir a estas actividades la flor y nata del intelectualismo salmantino. Tuvimos el primer ensayo en el Aula Juan del Encina, este domingo 17 de febrero del 74, tras estar presente en otras pruebas de agrupaciones y solistas que iban a actuar en la Semana. Los grupos “Lejanía” y “Hélade” fueron algunos de ellos. En nuestro ensayo estuvo presente el grupo “Tláloc”. “A las cinco hemos estado ensayando en el Aula de Juan del Encina. Fue Tlaloc. Han sido críticos con algunos defectillos”. Escribo en el diario. Este Tláloc era un grupo que yo admiraba por esa época. Realizaban un tipo de música de gran virtuosismo, en lo que al formato de las piezas musicales se refiere. Y por otra parte, sus letras llevaban una carga de crítica social y denuncia, indirecta o directa, al régimen que dominaba nuestras vidas en aquel instante. Por lo general, musicaba poemas de poetas comprometidos como Nazim Hitmet o poetas españoles de la posguerra (José Hierro, Ángel González, José Agustín Goytisolo...), muchos de ellos en el exilio. Poco sospechaba en aquel momento, que en este grupo, terminaría recabando yo, no mucho tiempo después.

martes, 5 de diciembre de 2017

Trajín musical




Mi pulso tembloroso se revela impreciso e inseguro. Acometo la tarea que en su día se convertirá en hábito matutino. La hojilla de afeitar me castiga por mi penoso dominio en las habilidades de rasurar mi incipiente barba. Mi rostro queda surcado de significativos rasguños y cortaduras. No sé hasta qué punto es un problema de destrezas, o más bien, que me siento sometido a una presión interna que se manifiesta en torpeza. Porque el ahogo interior me produce falta de dominio del espacio y una coordinación sensomotriz deficiente.
Mi diario produce un grito desde la distancia temporal: “No sé qué me pasa. No sé porqué habré estado tan nervioso desde el principio del día.”
Es el grito de alguien que no es capaz de dominar el cúmulo de sentimientos y vivencias que le rodean.
El día, que se extiende entre participaciones del grupo de música en amenizar misas, hasta tres (vaya paliza), ensayos y una pequeña actuación para un colectivo de personas enfermas, se convierte en espacio de agresión sutil a mis compañeros. “Por la mañana hemos cantado tres misas. Para morirse. Por la tarde no sé qué me ha pasado, me he puesto un poco insoportable en el ensayo. Ha sido un desastre. He llegado a poner de mal humor a Paco.”

Menos mal que la situación se relaja al final de la tarde. El grupo y sus adláteres nos dimos cita en el bar Miguel, centro de nuestros encuentros ociosos y relacionales y, en amenizada tertulia intercalada de cantos y contactos exploratorios, dilatamos el tiempo recibiendo el bálsamo del regocijo compartido.

lunes, 22 de mayo de 2017

Grupo de folk

El proyecto de Campo Charro como grupo musical iba adquiriendo progresivamente perfiles más definidos. Nuestro líder principal, Paco, había asumido con un significativo interés las riendas de la formación musical, en los comienzos del nuevo curso. Al pertenecer a un grado superior, cursaba ya sus estudios fuera de Calatrava, pero seguía referido a nuestro colegio como espacio de relaciones y de ensayos musicales.
El grupo de música surgió y dio sus primeros pasos en el ámbito del internado. Este seguiría siendo el núcleo central desde donde partía los diferentes dinamismos asociados a él. Pero de un modo progresivo se iba también destetando de su dependencia materna. Y nunca mejor dicho lo de “materna”, porque Calatrava venía siendo para nuestro grupo, la madre que nos dio la vida y la leche de la primera infancia. El destete vino motivado por las referencias externan que iban imponiendo una apertura a aires nuevos y a posibles integrantes para el grupo de otros contextos. Oteando el espacio exterior se vislumbraban posibles actuaciones en lugares diversos de la ciudad. Otros colegios, certámenes universitarios, festivales populares, emisoras de radio locales... Había que abrir las ventanas y lanzarse al reto electrificante de las actuaciones musicales en ámbitos que, si iban bien las cosas, supondrían un fuerte espaldarazo para lanzarnos hacia adelante.
Pronto nos dimos cuenta de la trascendencia que tendría la contribución de voces femeninas a nuestro grupo. Hasta entonces éramos sólo hombres, y un poco imberbes, los que confabulábamos con nuestras voces varoniles, realizando el reparto vocal de los diferentes tonos: graves, agudos...; en un intento de perfeccionamiento armónico. Se hacía necesario enriquecer nuestro repertorio tonal con voces femeninas. Y nos pusimos manos a la obra, para descubrir futuros valores.
No hicimos ningún casting, ni ofertamos, a través de anuncios, plazas de vocalistas femeninas para “conjunto musical”. Digamos que teníamos tantas relaciones y contactos que disponíamos de suficientes posibles candidatos, sólo con poner en funcionamiento la estrategia del “boca a boca” (sin pasar a mayores).
Varias propuestas pincharon en hueso. Recuerdo ligeramente a algunas chicas que pasaron por nuestros ensayos con ánimo de probar suerte; y que al final, rechazaron nuestra invitación (no debimos darle mucha confianza). Otras, aceptaron en un principio, pero se descolgaron en un final.
Sí aceptaron Pili y Pepi. Habíamos cantado con ellas ya, en las misas que amenizábamos en el pueblo de Aldeatejada, y en sus correspondientes “sobre-misas” (Espacios de tertulia y cante que improvisábamos tras la misa dominical). Ya eran conocidas, valoradas y apreciadas por nosotros, por lo que su voluntad de unirse a nuestra empresa contó enseguida con nuestro beneplácito.
Es la primera vez que aparecen sus nombres en mi diario vinculadas a nuestra formación musical, en este 3 de octubre de 1973. Sus nombres me provocan una deliciosa nostalgia. Y me transporto a los escenarios, sintiendo “la piel de gallina”, al escuchar sus voces cantando:
Camino de Montijo van hacia el valle...
diez mozos con alforjas chicas y grandes...
chicas y grandes, niña, chicas y grandes...
Camino de Montijo en los olivares...
Se me perdió el anillo de los cantares...
De los cantares, niña, de los cantares” 

martes, 21 de marzo de 2017

Para otra ocasión

El éxito que obtuvimos el Grupo de música “Campo Charro” en la velada del día anterior, nos despertó nuevas inquietudes. Comenzamos a pensar en serio, sobre posibilidades y proyectos cara al futuro. Bien es verdad, que no había sido más que una actuación en el contexto de una velada de internado. Pero esas veladas tenían proyección externa, ya que acudían a ellas diversidad de personas del entorno, que por uno u otro motivo tenían vinculación con Calatrava. Por otra parte, nuestra ascendiente en pueblos y alguna parroquia de los alrededores en los que amenizábamos misas de domingo, bodas u otros eventos religiosos, nos iba proporcionando cierta notoriedad. El resultado era que se iba formando en nuestro entorno un gran número de adeptos, que con el tiempo, llegaron a ser, poco menos, que incondicionales.
Dándole vueltas a las posibilidades futuras, Antolín y yo, nos presentamos en la habitación de uno de nuestros superiores, D. Paulino, uno de los que más nos apoyó en esos inicios. Queríamos contrastar con él la posibilidad de presentarnos al programa televisivo, de gran éxito por entonces, “LA GRAN OCASIÓN”. En esos tiempos era un programa con semejanzas a alguno de los que, en la actualidad, ofrecen posibilidades a jóvenes promesas del mundillo musical, tipo “OPERACIÓN TRIUNFO” y similares. En internet he encontrado una reseña sobre este programa:
“También en los años 70, los espectadores verían a jóvenes valores en LA GRAN OCASIÓN presentado por Miguel de los Santos . Fue otro concurso para cantantes desconocidos. Una postal auténtica de la moda del momento: “melenudos”, como se llamaría entonces a los de pelo largo, con pantalones de campana y camisas de flores con grandes cuellos. Hoy los vemos un pelín horteras, pero, entonces, eran de lo más moderno”.
( http://www.rtve.es/tve/50_aniv ersario/20060507_blog50anyos.h t)
Pero D. Paulino no veía que este fuera un momento oportuno para lanzarnos a tal aventura. Sobre todo nos ponía pegas por no tener suficiente trayectoria y no haber ensayado aún a fondo. O sea que más que ilusionarnos con fantasías y tener demasiados pájaros en la cabeza, teníamos que proponernos trabajo duro y serio. Lo de la TV habría que dejarlo para más adelante.

jueves, 16 de marzo de 2017

Veladas de luz y entusiasmo

Este viernes, venía cargado de expectativas e intrigas. Al día siguiente, sábado, estaba programada una de las muchas veladas que se organizaron en Calatrava, en los años en los que yo estuve interno. Realmente disfrutábamos de estos eventos festivos que nos trasladaba a un espacio mágico, cargado de efectos luminosos y acústicos especiales, y aderezados con elocuente creatividad. Sobre todo, constituían un aliciente de extraordinario interés para aquellos que llevábamos en nuestras venas la llamada de artista o el hormigueo creativo de las musas. Algunos, entre los que me encontraba, aprovechábamos estas circunstancias, para escribir un sainete, algún teatrillos, un sket, o cierta historia con tintes de divertimento, que pudiera ser representada. También nos investíamos de insignes rapsodas para recitar sobre el escenario, acompañados de los arpegios de una guitarra o bajo la armonía de las notas de un piano, algún poema propio o de poetas más o menos conocidos, elegido para la ocasión. Han pasado muchos años y todavía resuenan en mis oídos algunos poemas que tuvieron sus momentos de gloria: "Tu conoces al Piyayo? Un hombrecillo reseco, chicuelo, La mirada de gallo pendenciero, Un hocico de raposo tiñoso, Que pide limosnas por tangos Y mastica cantando fandangos gangosos..." "A veinte leguas de Pinto, y treinta de Marmolejo existió un castillo viejo que construyó Chindasvinto..." (...) Estas veladas ofrecían también la oportunidad de exhibirnos cantando o bailando. Bien fuera haciendo gala de las habilidades personales, mostrando dotes de cantautor o intérprete; o en otras ocasiones, participando con otros en exhibiciones grupales. En mi caso, la mayoría de las veces, pretendía participar en todas las modalidades posibles. Por eso, en mi diario de este día, queda escrito este testimonio: “En líneas generales esta tarde ha sido de mucho trabajo. He ido de ensayo en ensayo para la velada de mañana. Tengo la garganta muy irritada. Supongo que mañana seguirá el jaleo.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Inicios de un grupo musical. Música, música... y melodía de sueños

Con qué facilidad cambia el sentido de las cosas cuando la ilusión pasajera se desvanece ante el choque con la realidad de los hechos. Correteo por los pasillo del internado, con la tensión propia de quién se va a encontrar, en horas próxima, con jovencitas que le provocan excitación desenfrenada. Experimento el paso de las horas, como el acercamiento de una tortuga que se me va aproximando en un letargo desesperante. En el comedor engullo, más que como, el alimento que las monjas han cocinado en sus gigantescas ollas. Mis manos tropiezan con la jarra de agua y derraman sobre la mesa su contenido. Hay reprimenda por parte del superior de turno que vigila el orden y la disciplina del ágape. Me precipito con el postre y a la primera insinuación de que podemos salir, abandono disimuladamente, pero casi a la carrera, el refectorio donde hemos compartido el momento de la comida.

Y es que durante toda la mañana de ese 12 de mayo estuve con mi mente ensimismada en el ensayo del grupo de música (Campo Charro, que después sería Tronco Seco) que íbamos a tener tras de la comida. Lo extraordinario de ese ensayo es que habían prometido su asistencia varias chicas, que comenzaban a vincularse a nuestra órbita. Sobre todo mis nervios eran producidos por la posibilidad de la presencia de Vicen, acaparadora de mis sueños por esas fechas, en las que me derretía por la presencia de sus modales afrancesados.

Pero todo resultó frustrante, pues al final, no vino nadie. Ni de la “Residencia”: Cruci, Pepi e Isabel; ni Juani ni Vicen”, escupe la hoja, frustrada también, de mi diario. 

miércoles, 8 de marzo de 2017

Como zíngaros del espectáculo

Nos dirigimos hacia el pueblo de Aldeatejada, a unos 3 Km de Salamanca. Hemos quedado con el párroco de la localidad en una de las calles adyacentes al internado. Cargados con los instrumentos musicales que consideramos imprescindibles para amenizar una misa de pueblo, nos encaminamos al lugar de la cita con la caras soñolientas y los signos resacosos de quienes el sábado han trasnochado. Formamos una cuadrilla de titiriteros explorando las calles semidesiertas, con sus bártulos a la espalda, en una reluciente mañana de domingo. De cuando en cuando, nos detenemos para asegurar algún acorde de guitarra que en el ensayo del día anterior han quedado impreciso. Algunos componentes del grupo aprovechábamos estos incisos en el camino, para armonizar y aclarar nuestras voces con canciones de nuestro repertorio. Varios vecinos se asoman a la ventana convencidos de que se trata de una tropa de cíngaros que realizan la ancestral actuación callejera con la exhibición del equilibrismo de una cabra.
El cura nos espera con su funcional SEAT 850 en el que apuradamente introducimos los instrumentos y nos sentamos apretujados para realizar el corto viaje que nos traslada desde Salamanca hasta la entrada del templo de Aldeatejada.
En el pueblo, Macu se ajusta el corpiño con la agitación que le produce la novedad de ese día festivo. Se atavía con las galas propias de las festividades significativas, solemnidades que en los pueblos castellanos tienen destacado arraigo desde tiempos inmemoriales. Con movimientos sutiles y precisos se aplica un ligero maquillaje resaltando, con un retoque de rímel, sus ojos rasgados. Se calza sus zapatos de mediano tacón y se dirige decidida hacia la plazoleta donde se ubica la iglesia. Otras jovencitas esperan en el lugar señalado, formando un corro y regocijadas en animada charla. La llegada de Macu origina un momento de exaltación y algarabía. Todas manifiestan la extraordinaria impresión que le ha causado el atractivo atuendo con la que se ha engalanado.
Llega el vehículo del párroco. Expectantes, el grupo de jovencitas dirigen sus miradas escrutadoras sobre los chicos que descienden de él. Pasan una rápida revista y Macu expresa con un mohín de desilusión que los mancebos llegados no satisfacen sus expectativas. Otras sin embargo, consideran, que sin ser nada especiales, los forasteros reúnen el atractivo de lo desconocido. Y puestos a comparar con los pares del pueblo, tienen el beneficio de lo que resulta apetecible por extraño o inusual. Además se nota en sus movimientos y poses que van para artistas. Y es que en lo tocante a la libido, lo desconocido remarca más que cualquier otro objeto del deseo, si éste es familiar, demasiado vecino o se confronta habitualmente en los trajines de lo cotidiano.
A los que bajamos del bólido del cura, el encuentro nos produce una gran satisfacción. Nos sentimos adulados por aquellas miradas indagadoras que provienen de las chicas. Admiramos con deleite el florido colorido de las zagalas iluminadas con atractivas vestimentas. Algunos, enamoradizos de primer vuelo, quedamos seducidos por el cuerpo esplendoroso o una mirada furtiva que nos hace vibrar como una sacudida gozosa.

Significó el principio de tantos y tantos encuentros y desencuentros... Fue el primer hito de una historia que se prolongaría durante años y años. Años de ilusiones, momentos irrepetibles que forjaron amistades, amores, idilios, sinsabores... El azúcar y la sal, el sabor agridulce, la frescura del deleite y el amargor de tragos no deseados. Entrañó la cristalización, localizada en un espacio y un tiempo, de los vaivenes, sentimientos turbulentos y antagónicos de una adolescencia y juventud que se disparaba anhelante e inconformista. Tromba de energía que se dieron cita en torno a un proyecto, un grupo musical que atrajo en su entorno a una variada gama de jóvenes que se adherían al espectáculo y que se vinculaban con lazos de amistad y afectos entrañables.

(Continuación) La aventura del viaje a Normandía.

En realidad, todo este viaje estuvo envuelto en situaciones paradójicas y alucinantes. Nada más llegar a la ciudad de Cannes, en el hotel ...