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lunes, 11 de diciembre de 2017

Personalidad








“Tener personalidad o no tener personalidad”. Para mí siempre fue una etiqueta con la que distinguía a las personas con quien me relacionaba. Ignoro la importancia que le dan los jóvenes actuales a este tipo de características y si lo tienen en cuenta a la hora de vincularse a sus iguales. Aunque, si he de ser justo, he escuchado comentarios a mis hijos en los que aprecio la valoración que ellos le otorgan a sus amistades, en función de rasgos constitutivos de la persona.

Sin embargo tengo la impresión de que en este momento se valora más las características superficiales y físicas. Los medios de comunicación social; la prensa rosa; la publicidad; las costumbres y modos de vida que sancionan la apariencia y el físico como rasgos fundamentales de aprecio social; los programas televisivos de dudosa calidad, y los de calidad (sin que quepa la mínima duda) paupérrima,; etc; proyectan unos modelos en los que abunda el raquitismo mental y el triunfo de lo cutre y rastrero.
Estoy seguro de que no todos estarán configurados por el mismo patrón, pero muchos de nuestros jóvenes, necesariamente, han de verse impregnados de estas corrientes fulleras y mediocres. Es difícil que tengan aspiraciones, que vayan mucho más allá, de conseguir una apariencia “chachi”, un físico con el que atraer a posibles refriegas epidérmicas. La evasión y búsquedas de placeres sucedáneos, es la alternativa que le queda a todos aquéllos que son conscientes de que no dan esa talla o que fracasan por tener un cuerpo que no se concilia con los cánones de las últimas tendencias.
Yo mismo me siento francamente infectado por estas directrices que me marcan desde vertientes externas. Me sorprendo en ocasiones valorando en función de trivialidades y apariencias cosméticas. Y lo tremendo es que se me va insertando este virus, de un modo semiinconsciente, en las profundidades del alma. Tanto, que recibo como un soplo de aire fresco, que me despierta de mi letargo, ese recuerdo del diario de mi etapa juvenil, que hace alusión a la importancia de tener personalidad.

miércoles, 5 de abril de 2017

Espacio con turbulencias



Se produce un salto considerable en el diario de mi etapa juvenil. La marcha al pueblo y permanencia en él durante un puente, me hizo perder el ritmo diario de anotar cada noche algunas líneas en sus hojas ávidas de ser rellenadas. No había en el hogar familiar excesivas condiciones para aislarte y, en clima de serenidad, reflejar en un papel pensamientos, sentimientos o ideas que crecían abundantes en mi cerebro.
La profusa prole que poblaba nuestra vivienda aseguraba bullicio, peleas, gritos permanentes, confusión, riñas...; todo lo que uno pueda imaginarse como contrapuesto a la serenidad y al clima reflexivo. Como consecuencia, cuando pisaba el umbral de mi casa, sentía que penetraba en una dimensión diferente. Era adentrarme en un planeta, que aun resultándome demasiado familiar - en esos retornos periódicos- comenzaba sacudiéndome como un latigazo repentino de novedoso asombro, para tragarme al instante en su vientre de rutinarias turbulencias.
Sentía un abismo irreconciliable entre los dos mundos que me cobijaban en esa época. El estudiantil, que me impulsaba aspirando a metas de ensueño y deleite, al abrigo del internado de Calatrava; y el del retorno a mis fuentes, al plancton de mis ancestros; espacio en el que me zambullía como la vuelta inexorable a mis orígenes y en el que vivía la ambivalencia de quien siente el peso de rémoras no queridas, pero que absorbe en ellas, una profunda fuerza de superación y de lucha.

El paso de uno a otro mundo suponía un parto difícil de sobrellevar. Y tenían que pasar cierto tiempo para amoldarme y sentirme pletórico de fuerzas recobrando el pulso de mi existencia al nuevo medio. Por la brevedad de permanencia en el pueblo, me resultaba difícil adaptarme a ese contexto en mis puntuales regresos. Y vagaba como alma en pena, respondiendo a los recados y encomiendas que mis padres me demandaban, sin dejar especiales huellas ni registros sublimes, en cuadernos y descosidos de mi existencia.

(Continuación) La aventura del viaje a Normandía.

En realidad, todo este viaje estuvo envuelto en situaciones paradójicas y alucinantes. Nada más llegar a la ciudad de Cannes, en el hotel ...